Mood: La noche inventada – Family
Estudias a hurtadillas a los mayores, que llevan su infancia dentro, andrajosa y agujereada como una manta vieja y apolillada que ya ni recuerdan ni necesitan. A simple vista no se les nota que han tenido una infancia y no te atreves a preguntarles cómo consiguieron superarla sin que les dejara el rostro marcado de hondas cicatrices.
Y los mayores somos nosotros. Me ha gustado la Trilogía de Copenhague de Tove Ditlevsen, aunque lo abandoné un par de veces por sombrío y desalentador. Pese a ser memorias, las he sentido como ficción, y eso que lo poco que romantiza la infancia desde el principio da buena idea de que hay mucha verdad ahí.
Hace poco empecé a ver Dickinson, la serie inspirada libremente en la vida y obra de Emily Dickinson. Emily… he soñado tantas veces con visitar su casa en Massachusetts -tan bien recreada en la serie- que ya dudo si he estado allí o no (no). En un momento del primer episodio, protesta pensando en un futuro dedicado sin interrupución a las tareas de la casa. Su madre le pregunta: «¿qué querrías hacer tú?». Y ella responde: «Pensar». Y me acordé de esta frase de Tove Ditlevsen:
Mi madre ante cualquier esfuerzo doméstico se pone furiosa e irritable.
Y me vi retratada. No tanto por las tareas, que me sirven de meditación, sino por tener tantos minutos al día cargados de obligaciones y responsabilidades. Y por las ganas de pensar. Cuando te gusta pensar, estorba llenar la cabeza de pensamientos que tú libremente no elegirías.
Y también me vi en esta reflexión, porque por más que pasen los años sigo llegando tarde a todo. Late bloomer for life:
Este acontecimiento histórico no acaba de calar en mi conciencia, porque yo siempre percibo las cosas con retraso y rara vez vivo de lleno en el momento presente.
Escribir, aunque sean divagaciones como las que traigo aquí, me ancla en el presente:
Aunque a nadie le gusten mis poemas, no me queda más remedio que escribirlos, porque mitiga la pena y la añoranza que encierra mi corazón.