Me apetecía leer a Simone Veil y no se me ocurrió nada mejor que empezar por sus memorias del Holocausto, Solo la esperanza calma el dolor. Aunque esconden toda la oscuridad del mundo, Veil pone empeño en mostrar lo que hay de bueno en el corazón humano:
Hubo muchas personas que, en el momento en que venían a detener a una familia, cogían a un niño y
decían: «No, no, este niño es mío».
Imposible no encogerse al leer eso. O esto:
Yo me decía que lo único que les quedaba era la capacidad de compartir algo entre ellas. Darían la vida la
una por la otra. Sin eso, ya no serían seres humanos, porque no tienen a nadie, nada. Cuando luchan,
luchan por sí mismas, pero también por su amiga. Y a pesar de las circunstancias, ese tipo de solidaridad
se dio muy a menudo, no solo entre amigas, sino también cuando se veía a alguien pasando grandes
penalidades.
Traigo también algunos fragmentos del libro de los que dan consuelo y en cierta forma también fortalecen:
Si eres alguien para quien leer es como respirar, el no poder leer es una alarma que hay que escuchar. Nada puede ocupar tu pensamiento hasta el punto de no dejarte leer. Para mí es determinante: si no puedo leer, mal voy. De la misma forma que, si eres glotona, el no apetecerte comer te avisa de que realmente estás enferma.
Yo tenía la impresión de que se me había olvidado leer, me costó mucho ponerme a leer de nuevo; a veces, hay personas que me dicen que escribían, leían, que tomaban notas, pero yo, en el último periodo, no cogí ni un periódico, ni un libro. Y me decía a mí misma: «¿Seré capaz de volver a leer con facilidad?».Sin embargo, hay reflejos como ese… que perduran.
Sobre ciertas madres y ciertas hijas y esos apegos feroces de los que hablaba Vivian Gornick:
Yo llevaba muy mal no estar junto a mi madre, muy mal […] Necesitaba su presencia, y para mí era una cuestión casi, no diría de supervivencia, pero sí esencial, afectiva… Si por la noche, incluso ya de mayor, no me daba el beso de buenas noches cuando me iba a la cama, no me dormía.
Sobre el educar sensibilidades, que siempre hará falta:
Tenía un concepto muy claro de lo que podía cultivarnos, enriquecernos, y, al contrario, de lo que podía degradar nuestras ideas, vulgarizar nuestra percepción de las cosas.