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Confusiones

Hace años Ana María Matute contaba en una entrevista que solían confundirla con Carmen Martín Gaite. Ayer mi centro de mayores de confianza celebró el Día del Libro repartiendo cuentos de la Matute y colgando fotos suyas.

Mientras miraba las fotos repasé sus libros: Caperucita en Manhattan, Nubosidad variable, Usos amorosos de la posguerra… que son obras de, efectivamente, Carmen Martín Gaite. Hace tiempo que murieron y quienes las hemos conocido en vida seguimos confundiéndolas. Será esa melena blanquísima que compartían, y el pertenecer a una generación en la que pocas más mujeres tuvieron tanto éxito. Pienso en Carmen Laforet, Mercè Rodoreda, Josefina Aldecoa (y por primera vez me asombro y me indigno por que Josefina firmara con el apellido de su marido).

Cuando estudiaba literatura, descubrir que existían estas mujeres fue un hito. Lo quería saber todo de ellas, leer cada libro y entrevista. Conocer sus mundos y su mirada femenina se me hizo imprescindible, después de tanto estudiar a escritores y a personajes femeninos creados por hombres a los que además alababan por ello, no siempre con razón.

Este año es el centenario de la Matute y de Martín Gaite. Es una generación que ya se extingue.