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Joven para ser vieja y vieja para ser joven

Última actualización el junio 29, 2025

Tenemos por delante la posibilidad de inventar cómo somos las mujeres de nuestra edad. Vamos a hacerlo mejor que quienes nos quieren imitando mal a las más jóvenes y renegando de lo que aprendimos de las más viejas. Vamos a ser unas señoras.

Este artículo de El País del año pasado me lo sé de memoria. Lo hemos compartido entre nosotras sin descanso. Por más que sepamos que, igual que nadie hace más por el feminismo que los hombres, nadie hace más contra el edadismo que los jóvenes. ¿Alguien menor de 30 lo habrá leído?

Parecemos más jóvenes de lo que somos porque nos imaginan mucho más viejas.

A mí no me importa que me llamen vieja. En cuanto te lo han llamado una vez, no  hay vuelta atrás. Lo que me molesta es que esté escrito lo que se espera de mí por tener la edad que tengo; lo que puedo o no puedo hacer: Eres Una Señora, si quieres, cuando quieres. Y llegado ese punto, eres el sujeto político de que te la sude todo.

Llegadas a una edad, ya no nos cortamos el pelo ni nos vestimos con ropa sin forma, como se hacía hace años. Dicho sea de paso, lo de cortarse el  pelo me recuerda a las judías ortodoxas que se rapan la cabeza al casarse (y se ponen una peluca… quién lo entiende).

La edad de las madres se ha revisado, la edad de la muerte se ha aplazado, pero la edad para hacerte vieja, y empezar a odiar tu reflejo en cualquier cristal, y a ponerte cinta aislante o bótox o lo que inventen para estirar lo que se ha derrumbado en tu cara y en tu cuerpo es -sin discusión- los 50.