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Punto de fuga

Última actualización el abril 20, 2026

Redes de pesca (1893), de Joaquín Sorolla

Un caos entre dos silencios, eso es la vida (Samuel Beckett).

Qué maravilla la charla con Manuel Vicent en el videopodcast Tercer Acto de El País Semanal. En realidad, todas ellas.

Aun con 89 años, cuando habla pone tanto foco en lo sensorial que en vez de escuchar una entrevista parece que hayas pasado una mañana en un barco de pescadores. El conocimiento, dice, llega por los cinco sentidos: sin comida y sin agua podemos morir, pero por falta de conocimiento no se muere nadie.

El pueblo natal de Manuel Vicent, La Vilavella, está a 6 kilómetros del mío. Escucharle me ha dejado ensimismada porque ese acento y ese timbre me han recordado todo lo que ya no está.

Su pasión por el mar me hace pensar en cómo, hasta hace unas décadas, en pueblos muy pegados al Mediterráneo -no más de 7 kilómetros- unas familias miraban al mar y otras a la montaña. La mía era de las segundas. Ver el mar desde lo alto de la montaña era como presenciar un  milagro, igual que les pasó a Don Quijote y Sancho al llegar a Barcelona.

De la entrevista a Manuel Vicent me voy a apropiar de su concepto del punto de fuga: esos momentos -en el jazz o en el mar, en su caso- que, dice, dan la vida, incluso después de puñaladas como la que sufrió él al morir su hijo, Mauricio Vicent, en 2023. Siempre, siempre tiene que haber puntos de fuga.