Última actualización el abril 20, 2026

Por mucho que salgas de la pobreza, la pobreza no saldrá de ti.
¿Cómo sabes que soy pobre?
Porque tienes moreno paleta. Los pobres se reconocen, como los zurdos o los calvos.
Moreno Paleta, la bildungsroman de Sergio V. Jódar, es de esas novelas que proliferan en los últimos años: un autor pone sobre el papel la nostalgia de un tiempo, a la vez que homenajea a personas de la familia que han quedado idealizadas, o cuyos méritos solo has comprendido al llegar a adulto. No hay más que leer la primera dedicatoria a mis cuatro abuelos, que también fueron nietos.
¿Qué era lo que más te gustaba de tu Yayo?
Que era perfecto.
Uf, pues cuando veas que no lo era, aún lo querrás más. ¿Lo echas de menos?
No, porque parece que vaya a volver.
Hay algo de hacer justicia a personas que, por no haber tenido un nombre, quedan en el recuerdo de unos pocos, mientras que cualquier celebrity sin méritos se gana documentales y biografías. Me recuerda a lo que dijo Anderson Cooper sobre la necesidad de recordar a su niñera tanto como a su madre, la figura de la aristocracia neoyorkina Gloria Vanderbilt.
Y también me recuerda al cine de Carla Simón: a Alcarràs, con esa familia de horticultores que ve que siembran de placas solares los terrenos colindantes al suyo; o Verano 1993, sobre la cotidianidad de una familia volcada en sacar adelante a la huérfana de una víctima del sida. En esas dos películas de Carla Simón (aún no he visto Romería), como en Moreno Paleta, los niños corren libres por la huerta, el monte o la urbanización de la playa. Esa estampa es la causante del eterno lamento de varias generaciones que vemos hipervigilados a los niños de hoy.
Y, volviendo a Moreno paleta, lo que hay en cada página es la diferencia entre clases, que se podrá llamar de otra manera o tomar otras formas, pero sigue marcando, sobre todo a los niños. Ejemplo:
Ella dice que no sabe si es rica o pobre…
Si fuera pobre lo sabría. Después dirá que los ricos también lloran.
También hay un continuo despedirse de la infancia:
Se creía muy adulto, pero en realidad solo era pesimista. / Mira, ser niño solo tiene una cosa mala: dejar de serlo. / Pos de eso va ser mayor. Disimular que te gusta lo que es una putamierda. / Cuando se mueren los cuatro abuelos te haces mayor y me queda una.
Ambientada en el verano de 2004, la cultura popular está en el sueño del padre de ganar Quién quiere ser millonario, en las siestas del abuelo con el Tour en la tele o en las referencias musicales:
Eso lo canta Melendi, que es Dios habiéndose tomado un par de porros.
Qué mejor excusa para traer una canción de Melendi. No sé cómo lo hace pero hasta sus letras más sentidas me resultan cómicas.