Última actualización el abril 20, 2026
El miedo a los fantasmas, a la oscuridad, los lobos, las águilas y los osos, el miedo a todo lo que viene de fuera, se relega de golpe y en su lugar empiezan a aflorar los miedos interiores, aquellos que nunca te abandonarán, que surgen como un mensaje de bienvenida al mundo adulto: el miedo a no pertenecer, al ridículo, la burla, las malas intenciones…
Es un fragmento de El ataque de las cabras, de Laura Chivite, un cruce de Los Invencibles con Encanto y las fábulas de Esopo. Sobre el miedo adulto añadiría que, a diferencia del de la infancia, se basa en lo vivido y no en lo imaginado.
Traigo el párrafo sobre el miedo porque hoy precisamente he visto a Elsa Punset recordar a Carl Jung cuando decía que al levantarnos cada mañana hay que espantar a dos gremlins: la pereza y el miedo.
Una tarde, pasamos frente a una pared en la que había una pintada que rezaba: «Como me idealices te rajo»
Otro miedo adulto: el de la decepción, que viene de idealizar personas, lugares o momentos.