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Toallas tiesas

Última actualización el abril 20, 2026

Escuché una entrevista a la cómica Robby Hoffman en el podcast Talk Easy y no he parado hasta poder ver su especial de Netflix, titulado Wake Up.

El humor de Robby está más cerca de Hannah Gadsby que de Marcello Hernández, el cómico del momento en USA, por lo implacable que es provocando y por cómo afila sus chistes. A ratos te quieres reír pero no puedes porque te has puesto a pensar y sacarle punta a la idea desconcertante que ha lanzado.

Robby Hoffman dice de sí misma que es la última prueba viviente de que existe el sueño americano. Viene de una familia judía ortodoxa al borde de la exclusión social: su madre tenía 10 hijos con solo 30 años, y vivían hacinados en un piso infestado de cucarachas y con un solo baño.

Como la vida da muchas vueltas, a Robby la admitieron, con beca, en un colegio de élite. Allí decidió que su meta era casarse con un millonario. Pero, sorpresa, resultó que era gay y le tocaba ponerse a trabajar. Y decidió ser cómica, aunque alguien le dijera que tenía una cara muy radiofónica (mentira: tiene una piel envidiable y rasgos muy suaves, pero todo lo oculta la estética feísta que se empeña en abanderar. Y bien por ella, porque después de la primera impresión consigue que te centres en lo que dice y en nada más).

De su monólogo se me ha grabado la imagen de la toalla dura como signo de pobreza. Cuando la invitaron a una casa de ricos, Robby se las tuvo que ver con una toalla blandita, algo inconcebible para alguien que pensaba que uno nace y muere usando las mismas toallas, que además están siempre tiesas.

Y otro apunte: dice que hasta el hombre más maravilloso tiene en sí un 5% que podría conducirle a la cárcel. A pensar.