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Patti Smith

De aquí a finales de octubre vamos a tener mucha Patti Smith (1946), porque le han dado el Princesa de Asturias de las Letras. A Patti la he leído más que la he escuchado, lo reconozco. Me engancha el tono poético de Just Kids o M Train, que además muestran a iconos de la música, la literatura y el arte en su faceta más humana. Ese mismo tono, tan delicado y cercano, es el que mantiene en redes, donde está bastante activa; por ejemplo en Substack e Instagram.

En mi mente, Patti Smith es una serie de imágenes y momentos: la que vivió en el Hotel Chelsea con Robert Mapplethorpe, la que popularizó Because the Night, la que rehabilitó una casita de Rockaway Beach («Me quedé allí de pie y supe que era mía. No era una casa grande, era una casa pequeña, pero era mi casa») o la que compuso People Have the Power con Fred «Sonic» Smith —su marido, que murió en 1994—.

People Have the Power es de las primeras canciones suyas que escuché, cuando ya era un himno. Al escribirla, Fred buscaba que lo fuera, pero pasó sin pena ni gloria. Con los años lo consiguió, y ahora Patti cuenta lo mucho que se emociona al escucharla en todo tipo de eventos activistas.

Aunque ella sufrió intensamente el momento, en 2016 puso el alma de todos en vilo cuando recogió el Nobel en nombre de Bob Dylan e interpretó A Hard Rain’s Gonna Fall con un lapsus para la historia. Con una letra así, y en un momento como ese, ¿quién no pierde los nervios? Por más que, como explicó, se supiera la canción al derecho y al revés.