Me sentí tan humillada. Enfurecida. Ofendida. Que me atacaran… no por algo que había hecho, sino por lo que era… Algo nuevo para mí. Me hirió en lo más hondo de mi corazón.
Es un sentimiento que llevo explorando toda mi vida: la indefensión cuando te atacan no por lo que has hecho o dicho, sino por lo que eres, que es algo que no has elegido ni puedes cambiar. 
Aquí entran todas las exclusiones que terminan en -ismo o en -fobia: racismo, sexismo, clasismo, edadismo, machismo, capacitismo, antisemitismo, islamofobia, lgtbfobia, gordofobia… (gracias, Gemini).
El pequeño consuelo, si es que lo hay, cuando recibes este tipo de ataque es que revela la naturaleza del agresor: su inseguridad, su crueldad o sus carencias.
La cita del principio es de la novela gráfica White Bird (2019), de R.J. Palacio, que es lectura obligatoria en algunos colegios. Es una historia del Holocausto que con unas pinceladas de (necesario) realismo, y sin moralina barata, lanza un par de ideas que quedan resonando:
– que veamos la luz, y no la oscuridad, en los demás
– que en nuestra mano está cambiar a mejor