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Categoría: Comida

Harajuku lover

Son las 12. 14 y estoy sentada frente al Mandarake de Akihabara (Tokio) mientras los demás hacen las últimas compras frikis del viaje.

Ayer visitamos algunos barrios más:

Shibuya
El hotel de esta segunda estancia en Tokio lo tenemos en Shibuya, por lo que empezamos el día haciendo una visita al famoso cruce tras desayunar en el Krispy Kreme del barrio, un hit del viaje. En ese momento rodaban alguna promo de la versión 3D de la película El grito, y había decenas de encapuchados que transportaban un marco del que salía una cabeza con la cara cubierta por una densa melena negra. Hicimos el cruce con ellos y no descarto que estemos en unas cuantas grabaciones. ¡Yo misma lo grabé todo!

WTF en Shibuya #tokio #tokyo #japon #japan

Después nos acercamos a ver la estatua del perrito Hachiko, que venía cada día a la estación a recoger a su amo incluso después de que muriera. Dos japonesitas con camisetas de Batman me pidieron que les hiciera una foto con él.

Hachiko-san #shibuya #tokio #tokyo #japon #japan

Tokyo Tower
Después cogimos el metro hasta Shiodome para ver de cerca la Tokyo Tower. Como había bastante bruma descartamos subir y visitamos el cercano templo Zojo-ji, donde se celebraba una ceremonia. Por algunos detalles -una urna, una foto de un señor en el altar, una familia formalmente sentada al pie del altar- dedujimos que se trataba de un funeral. Aun así, un grupo de turistas hindúes hizo fotos sin parar.

Tokyo Tower #tokyo #tokio #japan #japon

Omotesando
A continuación paseamos por la zona de shopping de Omotesando, donde hay tiendas de las marcas de lujo -Loewe, Gucci, Tod’s, Louis Vuitton, Burberry…- y de cadenas como American Eagle. El estilo de los edificios, el amplio bulevar y el estilismo de las japonesas en esa zona te hacía pensar que estabas en Europa más que en Asia.

Omotesando #omotesando #tokio #tokyo #japan #japon

Harajuku
Y desde Omotesando enlazamos con Harajuku. Como a Gwen Stefani, a mí me encantó este barrio. Hasta ahí lo que tenemos en común. A medida que nos acercábamos a la calle de tiendas más animada, Takeshita Street, veíamos más y más cosplay. El arte de combinar vestidos y accesorios pastel, encajes, lazos, puntillas, delantalitos, pasadores, sombrillas y zapatos de charol no tiene límites para las chicas Harajuku.

Cosplay #harajuku #tokio #tokyo #japon #japan #cosplay

Parque Yoyogi
El tiempo empeoró cuando estábamos al final de Takeshita Street, junto a la tienda oficial del grupo jpop AKH47. Los truenos y relámpagos provocaron gritos de pánico entre las chicas Harajuku. Corrimos a resguardarnos bajo la marquesina de madera de la entrada del parque Yoyogi y allí permanecimos hasta que pasó la tormenta. En el parque se venera al Emperador Meiji y la Emperatriz Shoken, en agradecimiento al impulso que dieron a la industrialización y modernización de Japón. En su honor hay expuestas decenas de barriles de sake y de vino de Borgoña. Tras recorrer el frondoso- casi diría que umbrío, aunque precioso- parque lo abandonamos en medio de un furioso vendaval.

Barriles de sake de los diferentes productores del país #yoyogi #tokyo #japan

Parque Yoyogi #tokyo #japan #Yoyogi

Shibuya
Terminamos el día con un paseo por Shibuya de noche y una visita al L’Occitane Café del cruce, donde me tomé un zumo de legumbres. No sabía que esta marca había entrado en la hostelería.

Shibuya #shibuya #tokyo #tokio #japan #japon

Zumo de legumbres

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Flor de cerezo, leche con sal

Son las 19.55, ya noche cerrada en Japón, y estamos volviendo a Tokio en el Shinkansen. Vamos en un vagón de fumadores porque eran las últimas plazas que quedaban, y ahora lamento no haber traído mascarilla. Bastantes personas la llevan en el compartimento, de hecho es muy común verlas por todas partes. Al parecer las usan tanto los alérgicos como los que están resfriados o con algún virus y no quieren contagiar a los demás.

Hoy en Arashimaya creo que hemos comido el equivalente nipón al cocido, por aquello de que se toma en varias fases. En una cazuelita de metal con tapadera y base de madera te sirven la carne muy especiada -ternera o pollo, yo elegí lo segundo- acompañada de verduras y arroz. En un cuenquito te vas sirviendo raciones hasta que solo queda arroz. Entonces lo pones en el cuenco junto con el caldo que te ha traído la camarera mientras tomabas la carne, y lo aderezas con algas y cebolla china. Dicho así suena bien, pero no. Lo que había en mi cazuela era una plasta, eso en mi pueblo es que se te pase el arroz. Si ya era difícil comerlo con la carne, echarle más agua caliente podía ser dramático. Así que me tomé la sopa miso que estaba incluida en el plato y me puse a pensar en el merecido postre.

Pues eso #japan #japon

El postre fue un helado de un puestecito que vimos junto al restaurante. Costó decidirse porque había propuestas la mar de poéticas: vainilla negra, sésamo negro con leche de soja, leche con sal, flor de cerezo, melocotón blanco… Fui cobarde y me tomé el de rare chocolate & cookies, preparada para todas las sorpresas que podía esconder el «rare». Pero sabía a helado de chocolate occidental.

"Rare chocolate & cookie icecream"

Y una nota sobre la bebida: en el restaurante pedimos la única cerveza que tenían, Vedett Extra White. La camarera nos intentó explicar algo señalando la carta de sakes, con tal éxito que pedimos un sake y dos Vedett.

Sake #japon #japan

La Vedett, que según he comprobado es belga, resultó tener aspecto de cerveza muy clarita y sabor a sake, a patata o a algún ingrediente que no asocio a la cerveza. Claro que yo no soy cervecera. Así que me tomé dos tés verdes, que eran gratis y además los servían fresquitos.

Biru muy muy extraña de sabor #beer #cerveza #japon #japan

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Los ciervos de Nara

Por fin sol radiante en Kyoto a solo medio día de emprender el regreso a Tokio. Hoy nos hemos despertado con un hambre canina después de la cena de anoche a base de shabu-shabu. Cualquier plato de carne que no esté embadurnado en salsa es mi perdición estos días.

Shabu-shabu #kyoto #japon #japan

Acabábamos de regresar de Nara y allí habíamos visto decenas de puestecitos de brochetas. Olían que alimentaban pero para nosotros era la hora de la merienda y no procedía. Así que llegamos a Kyoto con un único deseo: comer carne https://vaigeneric.com/generic-viagra/. Dicho y hecho.

Pinchos en Nara #nara #japon #japan

En los jardines del templo de Nara hay cientos de ciervos que se dejan acariciar y fotografiar. En los tenderetes del mercadillo de la entrada vendían galletas para darles de comer. A esa hora de la tarde parecían más que saciados y les atraía más un puñado de hierba.

Konichiwa Ciervo-san! #nara #japan

El gran templo de Nara (Todai-ji) es el edificio construido íntegramente de madera más grande del mundo.

Nara. El edificio de madera más grande del mundo

En su interior está la estatua de Buda más grande de Japón y algunos diablos que preferirías no ver de noche.

Y dentro del Tōdai-ji tenemos el Virocana Budha, el mas grande de Japón, 30metros #nara #japan

Koumoku-ten hecho de madera en el templo Tōdai-ji #nara #japan

La otra gran atracción del templo es un grueso tronco de árbol horadado; el niño que lo atraviese alcanzará el Nirvana.

La cosa va así: Si consigues que tu zagal supere el pánico inicial y pase por este agujero en un pilar de madera del templo Tōdai-ji alcanzará el nirvana cuando muera #nara #japan

Camino a la estación nos detuvimos a admirar la pagoda de cinco pisos de Kofujuki, de las más altas del país y símbolo de Nara.

Pagoda de Kofujuki #nara #japon #japan

Y vuelta al hotel en la noche más fresca del viaje.

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Los torii de Fushimi-Inari (Kyoto)

Tren rumbo a Osaka, 9.06 de la mañana. Ayer fue un día de templos en Kyoto, empezando por el de Fushimi-Inari. El recinto abarca toda la montaña, y lo recorres bajo una infinidad de puertas (torii) naranjas. Hay tramos llanos pero muchos más de escaleras. Oí exclamar a un americano «bone breaker!», y no le faltaba razón, no tanto por lo agotador de la ruta como porque había llovido horas antes y el suelo de piedra resbalaba. Merece muchísimo la pena el esfuerzo, te sientes en un lugar único en el mundo.

Fushimi-Inari #japan #japon

Al principio la subida es tumultuosa, pero no todos los visitantes hacen el recorrido completo y una vez en lo alto la sensación de aislamiento es liberadora. Allá arriba hay carteles que te advierten de que hay monos salvajes por la zona. Si los ves no debes sacarles fotos, mantener contacto visual, ofrecer comida o mostrar alimentos. Tienes que hacer como si les fueras a lanzar una piedra y entonces se van. Pero no vi ninguno siquiera de lejos 🙁

Fushimi-Inari #japan #japon

Antes de iniciar el ascenso, en uno de los templos se celebraba una ceremonia. Alguien entregaba un papel con su ¿plegaria? a las bailarinas, ataviadas con túnicas blancas con bandas de colores en las mangas. A continuación efectuaban una danza ceremonial acompañadas por instrumentos tradicionales y cánticos entonados por el grupo que estaba sentado al fondo del templo, también con vestimenta religiosa. Por último, bendecían a quien había hecho la petición con unos pequeños cetros dorados con cascabeles.

Fushimi-Inara #fushimiinara #japon #japan

A los pies de Fushimi-Inari degustamos la mejor comida del viaje hasta hoy sentados (recostada en mi caso) en tatamis. Callejeando camino a la estación vimos establecimientos que tenían en la calle una parrilla en la que preparaban pinchos de algún tipo de ave. Entramos en uno y pedimos exactamente eso. Era yakitori, por lo visto es común tomarlo al salir del trabajo acompañado de una cerveza. Lo habitual es que sea de pollo, pero en este caso no supe identificar el pájaro. Lo sirvieron despiezado, sin pincho, ¡estaba delicioso! Yo lo acompañé de una tortilla japonesa y un «orange juice» que era una especie de fanta sin gas. Además de té, por supuesto, que es lo primero que te ponen en la mesa cuando te sientas en un restaurante. De postre nada.

Yakitori #japon #japan

Tortilla japonesa #japan #japon #omelette

"Orange juice" (?) #japan #japon

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El Gran Buda y el pez mantequilla

9.03 de la mañana en Tokio. Acabo de montar en el shinkansen (tren bala) rumbo a Kyoto. Según me dicen, no es más rápido que el AVE y su velocidad media es de 250 km/h. Para llegar en menos tiempo podría haber tomado el nozomi, que no efectúa paradas pero también es más caro. Antes de subir al shinkansen, un ejército de mujeres con uniforme rosa ha limpiado los vagones a velocidad de vértigo. Esta operación se repite cada vez que un tren llega al fin del trayecto, ya lo vi en el Narita Express que me trajo del aeropuerto.

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El inicio del viaje está siendo algo molesto porque estamos viviendo la experiencia “bocata de chorizo en el tren” en versión nipona. No sé qué están comiendo los de atrás (¿encurtidos?) pero es tan intenso el olor que no me deja concentrarme. Además, unas compañeras de vagón han derramado su bebida y han provocado un río de café que ha movilizado a los revisores, que armados con cajas de tissues se han agachado a limpiar el suelo. ¿Cómo se hubiera resuelto este incidente en España? Pero acortemos, que hay cosas que contar de la demoledora jornada de ayer.

En Japón se celebra estos días la Golden Week y mucha gente está de vacaciones. Esto tiene sus ventajas -aunque en hora punta, en el metro íbamos holgados- y sus desventajas: los sitios turísticos están llenos. Lo comprobé ayer al visitar los templos de Kamakura, a 50 km de Tokio.

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Aunque no hubiera un solo templo, la visita a Kamakura merecería la pena porque es una delicia subir por sus colinas boscosas y respirar la calma de algunos rincones, con la nota desasosegante de los cuervos, que están por todas partes y a veces parecen hablar en vez de grajear. Que se lo digan a Murakami xD

Zenen Kencho #kamakura #japan #japon

Por la ruta de los templos de Kamakura es frecuente ver a los monjes del lugar, con el pelo rapado, la túnica morada y las chanclas de madera que llevaba Marlon Brando en La casa de té de la luna de agosto.

Monje en Kamakura #kamakura #japon #japan

También hay casa de té aquí, pero sobre todo hay campanas centenarias, caminos porticados, fuentes para lavarse las manos y varios templos como el de Tsurugaoka Hachiman-gū, el más tumultuoso con diferencia.

#japan #japon #templo #temple #kamakura

Pero el plato fuerte de Kamakura es el Gran Buda (Daibutsu), con más de 700 años de antigüedad. Es el segundo más grande de Japón. Estaba en un templo pero un tsunami lo engulló y dejó el inmenso buda de bronce al descubierto. Se puede visitar el interior y observar los diferentes arreglos llevados a cabo para hacerlo más resistente a los caprichos de la naturaleza. Por las paredes, los fieles han ido buscando la forma de incrustar o encajar monedas.

El Gran Buda #japan #japon #kamakura #buddha #buda

Tras visitar los templos comimos en la calle principal de Kamakura, un precioso paseo con las clásicas puertas de acceso a los templos (torii) en rojo intenso. El restaurante debía de ser de los más turísticos, porque no solo ofrecía un tipo de comida (tempura, sushi, parrilla) sino todas las opciones, algo muy poco frecuente en Las zonas de Tokio visitadas estos días. Pedí un plato de sashimi que incluía un pescado no identificado que según comprobaciones posteriores resultó ser pez mantequilla. Por su textura mantecosa ya se adivinaba. No fue precisamente un bocado sabroso.

Sashimi gohan #japan #japon

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Aciertos y desaciertos (gastronómicos)

Konichiwa. Son las 23.30 y hace unas cinco horas que es de noche en Tokio.

Dice Elvira Lindo en su último libro, Lugares que no quiero compartir con nadie, que el que ha sido gordito en la infancia lleva de por vida a un gordo dentro que aflora cuando hay oportunidad de hablar de comida. Y si no la hay, la busca. Así que hoy toca post gastronómico.

Entre mis compañeros de viaje no hay ningún apóstol de la cocina nipona, así que la elección de restaurantes y cafeterías está siendo relajada e improvisada.

El día ha empezado con donuts, bollo que parece entusiasmar a los jóvenes japoneses a jugar por la cantidad de establecimientos especializados que estoy viendo. En el Krispy Kreme que hay frente al hotel me he tomado uno de arce y otro de tarta de queso de limón recién amasados y horneados en el local.

Desayunando en una fábrica de donuts

En líneas generales, la comida del día ha sido un éxito salvo dos bocados para el olvido. El primero fue en el almuerzo. Camino al Palacio Imperial desde Akihabara, en una calle nada turística elegimos un restaurante que servía algunos platos a la parrilla. Para no jugármelo todo a una carta me decanté por esta bandeja variada:

A comer! #tokyo #japan #tokio #japon

Abajo a la derecha se puede ver calabacín en salsa, una auténtica pesadilla para mi paladar con su textura harinosa y su salsa estomagante. Lo mejor, la reconfortante sopa miso y una ensalada cuyos ingredientes no llegué a adivinar.

Por la tarde se produjo otro hito gastronómico, pero de los buenos. A unos pasos de las tiendas de Dior y Armani en Ginza se encuentra una pequeña porción de Bélgica en Japón: Manneken. En esta gofrería hay colas para hacerse con un gofre artesano. Yo he probado el de arce y el de chocolate, ¡un pecado! También había de té verde, cómo no.

Colas para pillar un gofre #ginza #japon #tokio #japan #tokyo #waffle #gofre

Y con la cena llegó el segundo bocado desafortunado. Era el primer encuentro con el sushi fuera de España y opté por un plato variado de maki y nigiri de atún, salmón, cangrejo, sepia, huevas… Todo bien hasta que se me ocurrió ingerir el único maki no identificado, que resultó ser ¡de erizo! Puedo contar con los dedos de una mano los alimentos conocidos que no soporto, y el erizo me temo que encabeza la lista. Solo recordarlo me crea malestar, menos mal que la velada se enderezó con una sabrosa -aunque escasa- bola de helado de judía.

Sushi #tokyo #tokio #japan #japon

Postre: helado de judía + té verde #japon #japan #tokio #tokyo

Shinjuku, 30 de abril de 2012

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Buenos días desde Shinjuku

5.30 de la mañana. Amanece sobre Shinjuku Gyoen, y hoy menos que nunca lamento el madrugón que me ha provocado el jet lag. Repaso un tarjetón de Eastside views que el hotel ha preparado para guiar a los que nos asomemos a la ventana: a la izquierda, galerías comerciales como Isetan y Takashimaya; en el centro, algo borrado por la contaminación, el Tokyo Sky Tree y el Shinjuku
Gyoen, ese pulmón verde entre rascacielos que ayer no pudimos visitar porque ¡cierra a las cuatro! Algo más a la derecha, casi tapada por el altísimo edificio DoCoMo Yoyogi, está la Tokyo Tower, y más allá se atisban la zona de Shibuya y los edificios que rodean la bahía de Tokio.

Tokyo is waking up #japan #japon #tokio #tokyoEl hotel está en todo. Vistas desde mi ventana. #tokyo #tokio #japon #japan #shinjuku

Confieso que no llevo preparado este viaje. En primer lugar, porque varios de mis acompañantes ya han estado en Japón y son devotos del país (nunca retiene uno más los datos que cuando ama un lugar); y después, porque desde que tuve los billetes viví con pánico a las 12 horas de vuelo que me esperaban, sin contar la conexión en Amsterdam. Por suerte las sobrellevé con la mezcla exacta de química, euforia de inicio de vacaciones, resignación e ilusión por divisar desde el aire la estepa siberiana y el sol de medianoche. No puedo decir a ciencia cierta si los vi o no, quiero pensar que sí y he aquí la foto:

Sol de medianoche sobre Siberia

Llegamos a Tokio ayer a mediodía muertos de hambre y para ahorrarnos negociaciones comimos en… ¡un italiano! Papa Milano se llamaba, en las plantas inferiores del edificio que acoge el Hotel Century Southern Tower, en Shinjuku. Tras pedir sparkling water me pareció que el camarero pronunciaba la comanda de forma algo sospechosa, y estaba en lo cierto: inauguré mi visita a Tokio con una entrañable copa de Freixenet (sic) a precio de oro.

Después de tomar una pizza Naples 🙂 nada menos que en el Día del Emperador subimos hasta el piso 53 del Ayuntamiento de Tokio, famoso por las escenas de cuervos que hace unos años vimos en los telediarios. Doy fe de que hay muchos, su grajeo se escucha sin cesar.

Ayuntamiento de Tokio #tokyo #tokio #japon #japan

Desde el Ayuntamiento disfrutamos de una panorámica impresionante de la ciudad, algo deslucida por la bruma, que no dejaba ver el Monte Fuji. Pero me consta que lo veremos pronto desde más cerca. Sí pudimos contemplar el Park Hyatt, a.k.a. el el hotel de Lost in Translation.

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A continuación, y con una temperatura envidiable -todos en manga corta- nos fuimos a callejear por Shinjuku. Estaba a punto de atardecer, momento perfecto para disfrutar de su explosión de luces. No sé si es temporada baja o que prefieren otras zonas, pero en Shinjuku no había un solo occidental. Todo eran adolescentes nipones, de ellas puedo confirmar que no trabajan las pantys y en su lugar llevan medias por encima de la rodilla y muslos al aire. Las bailarinas con mini calcetines de encaje también les encantan.

Shinjuku de noche es como si Times Square se hubiera propagado por decenas de calles adyacentes. No son precisamente vías muy anchas y la combinación de luces parpadeantes y de melodías y frases publicitarias en japonés resulta muy Blade Runner.

Shinjuku #tokyo #tokio #japon #japan

Por la noché celebré el gran día nipón cenando emperador, exquisito por cierto, en una marisquería de Takashimaya. Confirmé que la norma es no ofrecer postre después del segundo plato, simplemente te traen la cuenta. Mi dieta y mi economía saldrán ganando.

Pez espada

Shinjuku, 30 de abril de 2012

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Cruzando Garajonay (La Gomera)

El plan inicial era visitar El Hierro y La Gomera, pero la casi inexistente comunicación por mar y aire entre ambas islas obligó a decantarse por una, y La Gomera fue la elegida. Yo, que siento fascinación por el Teide, estaba sobre aviso: desde ningún sitio hay mejores vistas del perfil del volcán que desde esta isla redondita al oeste de Tenerife.

El Teide y San Sebastián de La Gomera desde el Mirador de La Lomada del Camello
El Teide y San Sebastián de La Gomera desde el Mirador de La Lomada del Camello
Agulo, el Teide al fondo
El Teide desde Agulo

La Gomera es diminuta, con poco más de 20 km tanto de norte a sur como de este a oeste, y a pesar de ello ofrece cambios dramáticos de paisaje.

San Sebastián de la Gomera
Es lo más cercano a una ciudad que tiene la isla. Si no eres canario, lo que más te llama la atención es el gran número de zumerías y dulcerías. En la dulcería Óscar tomé los mejores desayunos de la isla rodeada de paisanos que departían sobre la crisis con sus uniformes de trabajo. Echo de menos los generosos zumos de naranja y papaya y el tosco encanto de los dulces gomeros. En la Dulcería Vargas compré unas riquísimas galletas de gofio.

Dulcería Vargas, en San Sebastián de La Gomera
Dulcería Vargas, en San Sebastián de La Gomera

Como otras poblaciones de la isla, San Sebastián tiene un marcado aire colonial. No había escuchado tantos boleros en mi vida; en cada bar, restaurante y casa de comidas sonaban clásicos latinos. Como dato curioso, durante mis días en La Gomera no vi a un solo turista español, pero sí a decenas de senderistas alemanes y franceses.

Iglesia de la Asunción, en San Sebastián de La Gomera
Iglesia de la Asunción, en San Sebastián de La Gomera

El gran atractivo turístico de San Sebastián es la Casa de la Aguada, donde Colón se abasteció de agua antes de partir hacia las Indias. Apenas estuvo unas horas, pero allí está el pozo con su placa para hacer unas fotos 🙂

Casa de la Aguada. En este pozo realizó Colón la aguada antes de partir hacia América #lagomera #canarias #canaryislands #pozo #well
Pozo de la Casa de la Aguada, en San Sebastián de la Gomera

Aparte de los dulces gomeros, en San Sebastián probé una deliciosa sardina fresca en el restaurante más antiguo de la isla, Breñusca, donde una campechana camarera me iba contando cuáles eran las especialidades de la cocinera, su madre. Allí tomé las primeras papas arrugadas del viaje, y habría unas cuantas más.

Cena en el restaurante Breñusca de San Sebastián de La Gomera
Sardinas del día con papas arrugadas en Breñusca

Seguramente los paladares más mundanos preferirán la Taberna La Salamandra, con sus cilindros de calabacín en tempura, sus chupa chups de queso y -lo mejor- su sorbete de mojito.

Cilindros de calabacín en tempura rellenos de calabacín, pollo y frutos secos #food #tempura #gomera
Cilindros de calabacín en tempura rellenos de calabacín, pollo y frutos secos
Chupa chups de queso de cabra con confitura de frutos rojos #yummy #food #foodporn #cheese #queso #gomera #canaryislands #canarias
Chupa chups de queso de cabra con confitura de frutos rojos
Sorbete de mojito: no entra por los ojos pero está riquísimo :) #mojito #sorbete #ron #rum
Sorbete de mojito en la Taberna La Salamandra

Parque Nacional de Garajonay
Si tu centro de operaciones es San Sebastián, sea cual sea tu destino tendrás que atravesar el Parque Nacional de Garajonay. Desde la carretera principal de la isla, siempre de doble sentido, divisarás los principales monumentos naturales de la isla, como el Roque de Agando, una altísima formación rocosa que resulta amenazante de noche.

Roque Agando
Roque de Agando

La ruta más popular del parque es la que sube al Alto de Garajonay (1487 m) , desde donde se divisan La Palma, El Hierro y Tenerife si el cielo está despejado. Yo no tuve esa suerte, pero ver el juego de luces sobre el relieve de la isla bajo aquel trasiego de nubes -hacía mucho viento – mereció la visita. Más adelante vería La Palma desde Alojera y El Hierro desde La Puntilla. La isla está cuajada de miradores con vistas impresionantes al océano y a los monumentos naturales gomeros.

Alto de Garajonay
Vistas desde el Alto de Garajonay

Para perderse entre bosques de laurisilva, la ruta ideal es la que va de la Ermita del Lourdes al caserío de El Cedro, en los lindes de Garajonay. A medida que avanzas bordeando el riachuelo de El Cedro la humedad crece y también la oscuridad, hasta que llegas a un pequeño valle con desperdigadas casas de veraneo y alojamientos rurales para quienes busquen tranquilidad absoluta: ahí es imposible llegar en coche. Desde El Cedro se puede bajar hasta la población de Hermigua por un sendero que bordea un precipicio. Tiene barandillas, pero aun así impone respeto. Es la única forma de acceder a la pequeña cascada conocida como El Chorro. No tengo fotos porque me quedé a unos metros 🙁

Laurisilva #gomera #canarias #garajonay #woods
Bosque de laurisilva
El Cedro
Caserío de El Cedro

Vallehermoso
Se dice que la Playa de Vallehermoso es una de las más peligrosas de la isla. Me lo creo, porque los golpes de las olas contra las rocas impresionan. Por eso imagino que han construido una piscina en plena orilla.

Playa de Vallehermoso
Piscina de la Playa de Vallehermoso

Por su arena negra pasean los paisanos a sus perros, con la desasosegante vista de un antiguo hotel abandonado a la izquierda.

Playa de Vallehermoso
Antiguo hotel en la Playa de Vallehermoso

Hermigua

En La Gomera hay seis términos municipales: San Sebastián de La Gomera, Alajeró, Vallehermoso, Valle Gran Rey, Agulo y Hermigua. Si una guía indica que cierto punto de interés está en Vallehermoso, por ejemplo, no necesariamente habla de la población de Vallehermoso, sino de una extensión de terreno que atraviesa la isla de norte a sur por el oeste.

Iglesia de Santo Domingo, en Hermigua
Iglesia de Santo Domingo, en Hermigua

En El Silbo de Hermigua probé la mejor comida del viaje. El nombre del restaurante alude al tradicional silbo gomero, cuyas maravillas se explican al detalle en el Centro de Visitantes Garajonay, en Las Rosas. Junto a una mesa en la que dos caciques (o eso parecían) discutían sobre la política local probé el potaje de berros y un conejo con salmorejo que resultó no ser la crema cordobesa sino una salsa de sal, ajo, pimienta y vino al mortero. Y, por supuesto, el almogrote, un queso de untar con pimentón típico de La Gomera. Hay decenas de variedades, porque lo probé en cada comida que hice en la isla y todos eran diferentes. Me gustaron más los picantes que los suaves, pero en general ninguno me defraudó.

Almogrote en el restaurante El Silbo, en Hermigua
Almogrote
Potaje de berros en el restaurante El Silbo, en Hermigua
Potaje de berros
Conejo con salmorejo en el restaurante El Silbo, en Hermigua
Conejo con salmorejo

Valle Gran Rey
Es la estampa más conocida de La Gomera: bancales y bancales ganados a la montaña en un terreno fértil pero muy escarpado. Las mejores vistas son las que ofrece el Mirador del Palmarejo, obra del lanzaroteño (conejero) César Manrique.

Valle Gran Rey
Valle Gran Rey

El Mirador alberga un restaurante en el que puedes degustar platos típicos gomeros. En comparación con sitios más modestos de la isla, su cocina no me pareció destacable, si bien tuve la oportunidad de probar la leche asada con miel de palma, con textura de flan. El queso asado con mojo fue algo decepcionante porque me lo sirvieron frío. Cierto que eran casi las cuatro de la tarde, pero no sirve como disculpa. Me quedé con la idea de que el restaurante vivió tiempos mejores.

Leche asada con miel de palma #gomera #canaryislands #canarias #food #foodporn
Leche asada con miel de palma
Queso asado con mojo #foodporn #gomera #canarias #canaryislands #food
Queso asado con mojo

Atravesando el Valle Gran Rey se llega a la Playa del Inglés, de arena negra y plagada de recovecos rocosos en los que se resguardan los alemanes para disfrutar de la puesta de sol.

Playa del Inglés
Playa del Inglés

A unos metros se encuentra La Puntilla, donde contemplé una espectacular golden hour junto a la estatua de Hautacucherpe, el cabecilla de la Rebelión de los Gomeros. En esta playa el sol se pone tras El Hierro.

La Puntilla
La Puntilla
El Hierro desde La Puntilla
El Hierro desde La Puntilla

Playa Santiago
La última mañana en la isla visité Playa Santiago, en el árido sur. El ambiente, las conversaciones, las casas, los colores, los grandes ventanales y portillos de madera siempre abiertos… todo te transportaba a Latinoamérica.

Playa Santiago
Playa Santiago

Mi próximo viaje a Canarias tendrá como destino bien La Palma, bien El Hierro, de nuevo con parada en Tenerife para, de una vez por todas, ascender al Pico del Teide.

Parador de La Gomera
El Teide desde el Parador de La Gomera, en San Sebastián

Más fotos de La Gomera:

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Todas las Venecias

Vi por primera vez Venecia a la luz del día una radiante mañana de octubre. La noche anterior, paseando hasta San Marcos, me pareció normal la quietud de sus callejones. Por la mañana, camino hacia el Puente de la Academia, solo dos sonidos acompañaban el paseo: la charla de algún turista y el golpear de las barcas contra las paredes de los canales. En Venecia no hay coches, y ese rumor infernal de las grandes ciudades, día y noche, lo han borrado de la banda sonora. Parece que han parado la escena antes de seguir rodando.

Por San Marco
Barrio de San Marcos

Mientras subía al Puente de la Academia se me ocurrió mirar hacia un lado y allí estaba: el Gran Canal bañado por el sol, dorados los palazzos, surcado por decenas de embarcaciones… El mal de Stendhal no me atacó cuando visité Florencia pero aquí sí 🙂

Gran Canal
Gran Canal

Entre San Marcos y el Puente de Rialto, Venecia es despiadadamente turística. Caminar por esa zona es como montar en un autobús en el que caben 20 personas pero han subido 70. Te alejas de allí y descubres la Venecia de cuento.

Palacio Ducal
Palacio Ducal

En Dorsoduro, el barrio de los artistas, junto a las galerías hay edificios de poca altura -nada de palacios- decorados con el mejor gusto. Jardines encaramados a los estrechos canales, macetas en los balcones y parterres junto a los portales indican que ahí viven los venecianos, con una lancha atracada bajo cada vivienda.

Dorsoduro
Dorsoduro

Desde la Punta della Dogana, también en Dorsoduro, hay impresionantes vistas del perfil más conocido de la ciudad, el del campanile de San Marcos y el Palacio Ducal. Las mismas, pero frontales, que se ven desde Giudecca, el tranquilo barrio en el que Elton John tiene su palazzo. François Pinault, Elton John, Prada… son muchos los que invierten millones en conservar Venecia, que, al menos en octubre, ni huele mal, ni está sucia ni parece condenada a muerte.

Vistas desde la Punta della Dogana, en Dorsoduro
San Marcos y el Palacio Ducal desde la Punta della Dogana, en Dorsoduro

Otras cosas que se me quedaron grabadas de Venecia:

Las chimeneas
Sobresalen de las fachadas como un ornamento más. Al parecer su ubicación y estructura están pensadas para evitar tragedias en los palazzi, donde abunda la madera.

Dorsoduro
Dorsoduro

Los pozos
Hay uno frente a cada palazzo, o más bien detrás, no olvidemos que el acceso principal a las viviendas solía ser el del canal. Ahora son pozos ciegos, pero cumplieron un papel crucial hasta el siglo XIX, antes de que llegara el agua corriente a la ciudad.

Pozo frente al Palazzo Grassi
Pozo frente al Palazzo Grassi

Los timbres
Son muy pintorescos y grandes, puro steam punk.

Timbres #venice #venecia
Timbres de Venecia

Las terrazas elevadas
Yo diría que se han puesto de moda. Los venecianos levantan una plataforma sobre el tejado y allí toman el sol o disfrutan del fresco cuando hace buen tiempo. Hay tumbonas, macetas… pequeños oasis en las alturas.

Cruzando el Gran Canal
Cruzando el Gran Canal

Los palazzos
No me quise marchar sin visitar un palazzo y entré en el museo de Mariano Fortuny, antigua vivienda del diseñador español. Pese a los esfuerzos de rehabilitación, su interior transmite una idea exacta de la Venecia más novelesca, con paredes recubiertas de telas granates, altísimos techos, estancias oscuras y bajos insalubres. El olor a polvo era intenso y molesto, y contrastaba con la modernidad de las instalaciones de arte que ocupaban el edificio.

Palazzo Fortuny
Palazzo Fortuny

Las demás islas
Desde que vi fotos de la isla Burano me empeñé en visitarla. Atravesé la laguna en un barco que salía del tumultuoso muelle de San Marcos y hacía parada en el Lido. Sus casitas de colores pastel bañadas por pequeños canales parecían un decorado, tal era su pulcritud. En la calle principal de la isla degusté un maravilloso plato de pescado frito.

Isla de Burano
Burano

Tras dejar Burano, parada en la silvestre y tranquila isla de Torcello, con su conjunto medieval y donde según las guías cazaba Hemingway. Allí escribió Cruzando el río entre los árboles.

Isla de Torcello
Torcello

De vuelta a Venecia, decenas de islotes daban testimonio del esplendor de otras épocas con sus construcciones en ruinas. Una isla, la de San Michele, la ocupa íntegramente el cementerio de la ciudad. El regreso en barco lo hice por el otro lado de la isla, lo que me dio la oportunidad de conocer Cannaregio, con sus fachadas desconchadas y sus calles silenciosas que atravesé en busca del bullicioso barrio judío.

Cannaregio
Cannaregio

 

Barrio judío de Venecia
Barrio judío

La comida (y la bebida)
La bebida típica veneciana es el spritz. Dulce y fresquito, el que más me gustó fue el de aperol.

Spritz #venecia #venice
Spritz

Dos restaurantes quedan para el recuerdo: Ai Gondolieri, a unos pasos del museo Peggy Guggenheim. Allí probé uno de los mejores purés de patata que recuerdo y un delicioso risotto con hígado servido en el interior de una hogaza.

Ai Gondolieri (el arroz lo servían en esta hogaza)
La hogaza en la que presentaban el risotto
Ai Gondolieri, arroz con hígado
Risotto con hígado

Y la Trattoria da Ignazio, donde por algún motivo inexplicable todo el personal era nonagenario, o casi. El trato era entrañable, y la comida, casera y deliciosa.

Trattoria da Ignazio
Pasta con sardinas y berenjena

Más fotos de Venecia:

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Chicago para diletantes

Chicago no quiere turismo descerebrado ni fetichistas del hampa. Para seguir el rastro de Al Capone habrá que acudir a los libros, porque no hay un solo cartel que recuerde los años más violentos de la ciudad.

La Windy City, levantada con tan buen gusto tras el incendio que la arrasó en 1871, recibe con los brazos abiertos a los amantes del arte y la arquitectura. Todas las guías remiten a la Chicago Architecture Foundation y al impresionante Art Institute of Chicago, que alberga iconos como American Gothic, de Grant Wood, Nighthawks, de Edward Hopper, o La Grande Jatte, de Seurat, por citar solo algunas de las obras más conocidas.

American Gothic
American Gothic, de Grant Wood
Nighthawks
Nighthawks, de Edward Hopper
La Grande Jatte, de Georges Seurat
La Grande Jatte, de Georges Seurat

Si Nueva York es grasienta y destartalada, Chicago es pulcra y ordenada. También es fotogénica y peliculera, pero tiene un encanto más elitista. De los días en la ciudad del viento atesoro un par de estampas irrepetibles: la dorada luz del atardecer (y del amanecer, aunque había que ponerse en pie a las 5 a.m. para verlo) sobre los rascacielos con el lago Michigan al fondo o las vistas del Loop desde el tren elevado que atraviesa el río Chicago.

El juego de luces es una chulada

El Millennium Park está entre los grandes reclamos turísticos de la ciudad, pese a ser demasiado nuevo para mi gusto de nostalgic freak, y ofrece las mejores vistas del skyline, tanto directas como indirectas en los reflejos de esa habichuela gigante plateada que es The Bean. Para contemplar Chicago desde las alturas están las torres Hancock y Willis (antes Sears). Subí a la segunda y estuve arriba unos 30 segundos antes de bajar despavorida cuando sentí que todo se movía a mi alrededor. Los valientes pueden lucirse en el piso 130 colocándose sobre una plataforma transparente que sobresale de uno de los laterales.

Vistas desde el piso 103 de la torre Sears

Pero vamos a lo importante: la comida. Es típica de Chicago la stuffed pizza, de unos cuatro dedos de grosor. Con una porción de tamaño estándar puedes comer, cenar y lo que se tercie. Antes de empezar a comértela, las caras de abatimiento en la mesa de al lado te dan una idea de lo que te espera. Te quita las ganas de pizza por una buena temporada, doy fe. En general, cuando te sirven la comida en un restaurante te inclinas hacia delante, ansioso por empezar. El gesto común al ver la Chicago pizza es echarse hacia atrás para coger fuerzas.

Stuffed pizza en Giordano's

En la misma línea está el suculento pastel helado Muddy Bottom de Hugo’s, restaurante hermano del emblemático steakhouse Gibson’s, con el que comparte cocina. Como mi cámara no lo captó bien, dejo una foto encontrada en Flickr que da una idea de su magnitud. El cuchillo clavado avisa de que vas a morir. Imposible comerse siquiera la mitad entre cuatro personas. Una delicia brutal.

Muddy Bottom Pie

Sorprendentemente, los vecinos de Chicago se mantienen en forma. Dando un paseo el sábado por la mañana hacia la playa Ohio comprobé el entusiasmo con el que hordas de ciudadanos se entregan al jogging y a la natación en el lago Michigan al lado de un batallón de marines haciendo lo propio.

Paseo hacia la playa Ohio. ¡Toda Chicago se echó a correr el sábado por la mañana!

Y así termina el relato de mi roadtrip por seis estados norteamericanos: Nueva York, New Jersey, Pensilvania, Cleveland, Indiana e Illinois.

Más fotos de Chicago:

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Escribí esta serie de posts durante mis vacaciones por los EEUU. En su momento no pude publicarlos por falta de conexión.

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