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Categoría: Comida

La marmota de Punxsutawney, PA

Y por fin llegué Punxsutawney, el pueblo en el que cada mes de febrero la marmota Phil determina si llega la primavera o todavía quedan unas semanas de invierno. Sí, el de la película Atrapado en el tiempo (Groundhog Day). He de decir que durante unos días supe deletrear P-u-n-x-s-u-t-a-w-n-e-y (léase «pansatónic», Punxy para los amigos), ese nombre que le dieron los indios Delaware a este puñado de viviendas dispuestas a ambos lados de una carretera comarcal por la que circulan los camiones más colosales (y de colores más chillones) que he visto.

Colosales camiones cruzan todo el día Punxsutawney

La primera parada fue en Punxy Phil’s Cakes & Steaks, auténtica «cocina energética» de la América profunda en un diner con asientos de sky burdeos a la entrada del pueblo. Los estómagos más delicados pueden tomar sopa o sándwiches; los valientes, gruesas tortitas acompañadas de una tortilla de tres huevos rellena de quedo cheddar y adornada con una bola de mantequilla.

La madriguera de Phil

A continuación era obligado visitar a Phil, la marmota, que tiene su madriguera (Phil’s Burrow) en la biblioteca pública de Punxy, situada en la plaza principal -¿la única?- del pueblo. Se le puede ver desde el exterior junto a su esposa, Phyllis, y su retoño, Stinky. Cuando los visité no mostraban mucha actividad, pero era la hora de la siesta en pleno mes de agosto. En la misma plaza está el escenario del Groundhog Day, y decenas de muñecos con forma de marmota por todo el pueblo dejan claro cual es su principal y única atracción.

Había muñecos de este estilo por todo el pueblo

En la tienda oficial de la marmota Phil me atendió una siniestra vecina de Punxy con una melena rubia lacia y larga hasta las caderas, sin exagerar. Tras preguntar si habíamos visto a Phil, lanzó su boutade: ella ve a decenas de Phils cada día en su backyard

Mueble para recoger banderas viejas

A punto de partir hacia Cleveland todas las campanas de Punxsutawney empezaron a sonar. Eran las cinco de la tarde y lo que oíamos parecía un himno. De que eran patriotas no quedaba duda. En los alrededores de la madriguera había un mueble para depositar las viejas banderas americanas. Llevaba esta leyenda: Proud to be an American.

Más fotos de Punxsutawney:

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Escribí esta serie de posts durante mis vacaciones por los EEUU. En su momento no pude publicarlos por falta de conexión.

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Pittsburgh, PA, una ciudad ganada al bosque

Pennsylvania significa «el país de los bosques de Penn», en alusión al cuáquero inglés William Penn, a quien se le concedió este territorio en 1681.

Precisamente son los magníficos bosques lo que más recuerdo del trayecto entre Lancaster y Pittsburgh, donde llegué con los últimos rayos de sol. Cuando supuestamente ya estás en el área metropolitana, sigues sin ver mucho paisaje urbano porque la ciudad está oculta entre bosques.

El downtown está impecable y no hay rastro de turistas. Locales con polos y pantalones chinos se pasean por la zona supuestamente más animada, Market Square. Allí me tomé un picante flatbread de jamón y cebolla en Nola, un restaurante de nueva cocina criolla.

Flatbread de Jamón y cebolla en Nola, un restaurante cajun de Pittsburgh

A unos pasos estaba el impresionante PPG Building, un rascacielos de cristal con forma de castillo que por cierto acoge la sede de Heinz. Un enorme bote de ketchup con forma de dinosaurio lo atestigua.

Otra vista del Plate Glass

En Pittsburgh está la central de Heinz

 

Fotos de Pittsburgh:

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Escribí esta serie de posts durante mis vacaciones por los EEUU. En su momento no pude publicarlos por falta de conexión.

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Los Amish del condado de Lancaster, PA

No podía dejar de pensar en la secuencia de la construcción del granero en Witness («Único testigo») cuando visité el condado de los Amish de Lancaster, Pennsylvania, para mí el gran hito del roadtrip Nueva York-Chicago.

Eran los 80, se estaban creando soundtracks memorables y el de Witness, de Maurice Jarre, era una delicia. Habíamos visto por última vez a Harrison Ford en Indiana Jones y el templo maldito, y encontrarlo vestido de pulcro Amish nos dejó sin aliento. Nunca ha estado más guapo, y eso que Indiana Jones es mucho Indiana Jones. No paré de tatarear Building de Barn desde el minuto en que atisbé el primer indicio de vida Amish en el condado de Lancaster.

El mercado central de Lancaster

Llegué al condado partiendo de Lancaster City, que al parecer es la ciudad interior más antigua de Estados Unidos. En su oficina de turismo te animan a recorrer las carreteras secundarias, detenerte en las granjas y comprar productos fabricados artesanalmente por los Amish. Era escéptica sobre lo que vería, porque temía que también ellos estuvieran globalizados. No tengo aún respuesta, pero para mí fue una experiencia muy auténtica.

Un Amish trabajando la tierra

Los paisajes son de ensueño, con sus maizales, sus altos graneros blancos y puentes cubiertos como los que fotografiaba Clint Eastwood en Los puentes de Madison.

Desde más cerca

No me atreví a hacer fotos a los Amish pero eran exactamente como los hemos visto en el cine: calmados, sonrientes, impecablemente vestidos y fieles a sus buggies para desplazarse. Una adolescente con su pelo recogido con raya en medio, cofia y delantal se tomó la molestia de ayudarme a contar todo el cash que tenía en el monedero, y creedme que no podía llevar más nickels, pennies y dimes.

Granero Amish

Los vestidos de las Amish eran tanto lisos -en tonos lavados- como estampados de pequeñas flores y rayas, como todas las creaciones textiles que vi en sus tiendas. Al parecer guardan los vestidos negros para ocasiones más solemnes, y de hecho había muchos tendidos en los backyards. También probé cookies y tartas de chocolate -son muy generosos con la manteca- y pasé un buen rato sentada en una glider rocker chair.

Galletas de chocolate hechas por los Amish, im-pre-sio-nan-tes. ¡Qué generosos con el chocolate!

Pittsburgh, 23 de agosto de 2011

Fotos del condado de Lancaster:

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Escribí esta serie de posts durante mis vacaciones por los EEUU. En su momento no pude publicarlos por falta de conexión.

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Coney Island, Brooklyn

Ya puedes usar una cámara de mala calidad, que las fotos de Coney Island (Brooklyn) salen perfectas con esa luz inmensa de la costa, las decadentes atracciones de feria con el cielo azul de fondo y el muelle interminable adentrándose en el océano.

En Coney Island la fauna cambia. No encontrarás aquí a las neoyorkinas de petite robe noire, con su pedicura impecable, su bolsita de alimentos orgánicos y su hartura de los turistas. En el paseo marítimo y aledaños están todos los demás, incluido el establecimiento original de Nathan’s, cadena de hot dogs creada en 1916 por el inmigrante polaco Nathan Handwerker y que hoy acoge una popular competición de perritos calientes. Probé uno y quince días después creo que aún me queda en el cuerpo la grasa de su salsa de queso.

Otra vista de Nathan's

Algunas atracciones del luna park de Coney Island siguen en pie aunque su actividad cesara hace tiempo. Por ejemplo, el Parachute Jump, una altísima estructura roja desde la que hasta 1968 era posible lanzarse en paracaídas.

Antigua atracción Parachute Jump de Coney Island

O la vieja montaña rusa de madera Cyclone, todavía en uso y declarada monumento histórico en 1991. Desde abajo impresiona el estruendo de los tablones al crujir cuando alguien se atreve a montar. El protagonista de Annie Hall creció bajo el Cyclone, y eso marca.

Fotos de Coney Island:

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Escribí esta serie de posts durante mis vacaciones por los EEUU. En su momento no pude publicarlos por falta de conexión.

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