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Categoría: Literatura española s.XX

«Me dieron un fusil»

Pues ya está, ya he visto La bola negra. Sé que suena simplón pero mi impresión es que es bonita y tristísima.

Habiendo leído y visto lo mínimo antes de entrar en la sala, aquí va un resumen de todo lo que ha rondado por mi cabeza durante y después:

«No sé, a mí me dieron un fusil»: la mirada humana y antipolarizada tan necesaria en 2026. Es mi frase.

El privilegio de Lorca: su figura monumental y su tragedia suelen soslayar un dato clave y es que era un privilegiado. Lleva un siglo siendo símbolo de visibilidad y concienciación, al margen de su genialidad como artista. Pero enterradas en los campos quedan, como se dice en la película, tantas otras historias de personas marcadas por ser queer y pobres.

Guitarricadelafuente: tiene duende y ha volcado toda su sensibilidad en el papel de Sebastián, tan ingenuo y por eso tan verdadero. Es el soldadito español que cuando se desborda se va a un rincón a tocar la trompeta. No puedo ser objetiva, supongo que soy fan. A Sebastián le ponen en varias ocasiones en la peor encrucijada de la vida. Te preguntas qué hubieras hecho tú, que es lo más importante para ti y qué esperas de la vida.

Miguel Bernardeau: no había visto nada suyo, lo reconozco, me sonaba por nepo baby, por guapo y por Aitana. Y se te olvida todo porque su intensidad como Rafael Rodríguez Rapún, tan bien medida, va a ser difícil de olvidar.

La Nieve: es la canción que ha hecho Guitarrica para la película. Me emociona mucho.

Penélope: sin miedo a nada. No se puede dar más de una misma en tan pocos minutos.

¿Alguna pega? A mí la parte ambientada en el tiempo más reciente me rompe la magia, aunque entiendo su sentido y su importancia, y el nivel de los actores es asombroso.

Por lo que sea, la película me ha devuelto un pensamiento recurrente estos años y es que lo mejor de la vida siempre tiene algo disonante, que no se ajusta a lo que está aceptado ni cumple las expectativas de los demás. Me cuesta explicarlo pero lo creo al cien por cien. Cuando luchas por algo siendo consciente de esas disonancias es porque lo quieres de verdad; es tu yo más auténtico poniéndose al volante.

Confusiones

Hace años Ana María Matute contaba en una entrevista que solían confundirla con Carmen Martín Gaite. Ayer mi centro de mayores de confianza celebró el Día del Libro repartiendo cuentos de la Matute y colgando fotos suyas.

Mientras miraba las fotos repasé sus libros: Caperucita en Manhattan, Nubosidad variable, Usos amorosos de la posguerra… que son obras de, efectivamente, Carmen Martín Gaite. Hace tiempo que murieron y quienes las hemos conocido en vida seguimos confundiéndolas. Será esa melena blanquísima que compartían, y el pertenecer a una generación en la que pocas más mujeres tuvieron tanto éxito. Pienso en Carmen Laforet, Mercè Rodoreda, Josefina Aldecoa (y por primera vez me asombro y me indigno por que Josefina firmara con el apellido de su marido).

Cuando estudiaba literatura, descubrir que existían estas mujeres fue un hito. Lo quería saber todo de ellas, leer cada libro y entrevista. Conocer sus mundos y su mirada femenina se me hizo imprescindible, después de tanto estudiar a escritores y a personajes femeninos creados por hombres a los que además alababan por ello, no siempre con razón.

Este año es el centenario de la Matute y de Martín Gaite. Es una generación que ya se extingue.