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La Hormiga Remolona Entradas

Todo va a salir bien

Algo sencillito, como canta Marta Santos, se ha convertido en mi sitio favorito de este verano. No es un lugar ni un libro -estoy en bloqueo lector severo- sino una serie: Gilmore Girls. No vi en su momento y, aunque solo voy por la segunda temporada, estoy anticipando el duelo que pasaré cuando termine. ¿Quién va a reemplazar a Lorelai, Rory, Emily, Sookie y Luke?

Es tan el buenismo y positividad de la serie que hasta sale ¡Milo Ventimiglia! Un actor que, para mí, en papeles de villano siempre será un error de casting. Estamos hablando del (irreal) padre de This Is Us, nada menos.

Si tuviera que resumir en una frase lo que transmite Gilmore Girls sería esta: «todo va a salir bien».

Este verano, quien no me localice ya sabe con qué estoy.

Gemini se equivoca

Un cuchillo no puede decidir si se usa para herir a alguien o para cortar una ensalada (Yuval Noah Harari)

Con la sobrecarga de información que manejamos, ya damos por hecho que los demás se olvidan de lo que les contamos, o al menos de los detalles. Es molesto y decepcionante, pero lamentablemente ya lo hacemos todos. Contaba con que, por el contrario, una IA retendría cada variable y particularidad, pero no: he acabado reprochándole a Gemini que obvie datos decisivos.

Gemini me ha animado porque ya empieza el fin de semana (en miércoles). Ha dado por hecho que he comprado algo cuando solamente estaba mirando un escaparate. Si desvaría con información irrelevante, como cualquier otro tonto también lo hará con lo importante.

Por no hablar de las encrucijadas psicológicas a las que te conduce. Pienso en personas vulnerables, faltas de atención o desorientadas en la vida, y la espiral de negatividad en la que pueden caer si confían sus problemas a una IA.

When you know, you know

Sin pensarlo demasiado se me ocurren unas cuantas canciones muy conocidas inspiradas por personas con nombre y apellidos. De hace décadas, por ejemplo, Uptown Girl, de Billy Joel (Christie Brinkley); Jersey Girl, de Tom Waits (Kathleen Brennan); Just Like A Woman, de Bob Dylan (Edie Sedgwick); Peggy Sue, de Buddy Holly… y tantas otras.

Y hace unas semanas supe que Margaret, de Lana Del Rey, se inspiró en la historia (sin final feliz) de Margaret Qualley y Jack Antonoff. Ahora suena todavía más melancólico ese when you know, you know...

De Lana del Rey mi debilidad es Young and Beautiful. 

Maya & Minnie

 

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Ayer fue 4 de julio y en SNL recordaron la versión más payasa de The Star-Sprangled Banner, interpretada por Maya Rudolph en 2006. Maya es para mí -y para millones- la reina de la comedia física. Se atreve con todo. A pesar del destrozo, el himno sigue siendo reconocible.

Solo puedo pensar en su madre, Minnie Riperton, y sus agudos imposibles en Lovin` You (1975), una de las canciones más azucaradas de la historia del pop. Al final se escucha a Minnie cantar Maya, Maya, Maya…

Aquí está el vídeo, para contrastar.

Cool mom

 

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Me representa tanto esto que dice Penélope Cruz…

En el coche descubrí a Bad Bunny, Quevedo, Saiko, Eladio Carrión, Bad Gyal, Feid, Rels B, De la Rose, Beele, Myke Towers… y su música me enganchó.  No tenía en la agenda convertirme en cool mom, sencillamente me gusta.

Al igual que Pe, tenía un conflicto interno importante con las letras (no todas). Si le pides a Spotify que no reproduzca ninguna canción que lleve la E de contenido explícito, casi todos los temas de estos artistas se quedan fuera. El conflicto sigue ahí, todavía no lo he resuelto y no estoy cerca de lograrlo.

La cuestión es que los niños crecen. De pequeños filtras y censuras, pero van cumpliendo años y hay que pasar al diálogo. Y qué mejor sitio para hablar de letras de canciones que en el coche, ese espacio que cualquier experto en adolescencia considera estratégico para que cuenten sus cosas.

Más sentido y sensibilidad

Como janeite/austenita que soy -aunque entonces aún no lo sabía-, siempre me he sentido hermanada con Kate Winslet por interpretar como interpretó a Marianne en la adaptación de Sentido y Sensiblidad de 1995. Ese to feel intensely del que habla el trailer, con lo que conlleva, era todo lo que necesitaba ver en la pantalla en aquel momento. Fue un referente para tantas cosas, buenas y malas, y aún hoy no llego a descifrar algunos dilemas que presenta. Emma Thompson como Elinor (y guionista) está sublime, pero ella ya me había ganado como Beatrice en Mucho ruido y pocas nueces.

El caso es que en septiembre llega una nueva adaptación, con Daisy Edgar-Jones como Elinor y Esmé Creed-Miles como Marianne. Y tendré que abrir mucho la mente para verla, porque no concibo una Marianne que no sea Kate Winslet, al igual que, para mí, no habrá una Elizabeth Bennet con la fuerza y la delicadeza de Jennifer Ehle.

Llorar mucho

Las personas mayores lloramos mucho. Veo a un niño adorable por la calle, veo una noticia sobre un rescate heroico o me fijo en una peonía o en la luna llena, y se me llenan los ojos de lágrimas. Sea lo que sea lo que sienta, parece que solo puedo expresarlo así. 

Leo un artículo sobre Por qué lloran las personas mayores. En mi cabeza son las que mejor toleran los golpes de la vida; cuando hay malas noticias, los demás lloran y ellos lamentan sin verter lágrimas. Pero ahora veo que estoy equivocada, o será que solo me han rodeado mayores del género imperturbable.

Con la edad, lo inexpresable puede darse con más frecuencia porque uno se acerca a la inexpresividad definitiva de la muerte. No podemos conocer la muerte hasta que es demasiado tarde para contarlo. Y sabemos que es imposible entenderlo hasta que todo conocimiento se haya desvanecido en el pasado, ese pasado recordado y olvidado.

Cuando llegue a anciana por fin mis coetáneos pensarán como yo, que es básicamente tener muy presente que la vida termina. Y no necesariamente por ser anciano: termina y punto. Ha muerto gente que me hizo sentir vieja. Han muerto padres de personas que se burlaron de que los míos fueran tan mayores (y al final sobrevivieron a los suyos).

Que la vida termina, y que va en serio (como decía Gil de Biedma), te empuja a avanzar, tomar decisiones, arriesgar. Es raro que te arrepientas de hacer lo que te pide el cuerpo y te dice la intuición. El cuerpo sabe mucho antes de que la mente comprenda.

¿El obstáculo? El de siempre: el miedo. En concreto, el miedo a llorar.

Lo que eres

Me sentí tan humillada. Enfurecida. Ofendida. Que me atacaran… no por algo que había hecho, sino por lo que era… Algo nuevo para mí. Me hirió en lo más hondo de mi corazón.

Es un sentimiento que llevo explorando toda mi vida: la indefensión cuando te atacan no por lo que has hecho o dicho, sino por lo que eres, que es algo que no has elegido ni puedes cambiar.

Aquí entran todas las exclusiones que terminan en -ismo o en -fobia: racismo, sexismo, clasismo, edadismo, machismo, capacitismo, antisemitismo, islamofobia, lgtbfobia, gordofobia… (gracias, Gemini).

El pequeño consuelo, si es que lo hay, cuando recibes este tipo de ataque es que revela la naturaleza del agresor: su inseguridad, su crueldad o sus carencias.

La cita del principio es de la novela gráfica White Bird (2019), de R.J. Palacio, que es lectura obligatoria en algunos colegios. Es una historia del Holocausto que con unas pinceladas de (necesario) realismo, y sin moralina barata, lanza un par de ideas que quedan resonando:
– que veamos la luz, y no la oscuridad, en los demás
– que en nuestra mano está cambiar a mejor

Me porto bonito

Llegó el día: primer concierto de Bad Bunny en Madrid. Yo lo veré el 15, última fecha de su residencia.

De todo su repertorio, me muero por escuchar justamente la canción más parodiada de los últimos años, Me porto bonito (2022), esa que arranca con en la guagua se quedö el olol de tu perfume…

¿Se puede tener un estribillo más magnético que el de este clásico del reguetón?

Y en la calle ando suelto
Pero por ti me quito
Si tú me lo pides
Yo me porto bonito