He escuchado mucho últimamente que septiembre es el nuevo enero. Y en parte sí lo veo así, supongo que porque la pausa de vacaciones se ha alargado de más.
Para mí ha sido un verano exigente, duro, extenuante y eterno. Mi resolución para el nuevo curso es dejar de tener vacaciones tan largas. En mis particulares neurodivergencias (¿quién no tiene alguna?) el sobreesfuerzo psicológico y emocional me ha dejado el alma triturada. Y con los posos ahora toca volver a rutinas y escenarios que ya estaban dominados en junio, con la sobrecarga de empezar casi de cero. Y el peligro, siempre, de autosabotearme.
Esto ha sido lo negativo, además de la pérdida de Dolly Parton y Gloria Steinem.
Puede que las mujeres seamos el único grupo que se vuelve más radical con la edad.
Gloria Steinem.
Radicalizada como estoy, en tantos sentidos, también aprecio las cosas buenas del verano: un eclipse inolvidable, playas a las que necesito volver, una panadería de Altura, Gilmore Girls, La La Love You en directo, el perchero redondo perfecto, la autosuperación.